Visitar el cielo
Desde que el primer homínido levanto su mirada al cielo y vio en el horizonte, ese sin fin de fenómenos atmosféricos, empezó el sueño de querer estar allí, tratar de conquistarlo, entenderlo y palpar su grandeza.
Si hablamos de la mitología griega, de Icaro y Dedalo, remontándonos desde Leonardo Da Vinci y su adelantada inspiración en beneficio de nuestros ambicionados vuelos, Otto Lilienthal, Plazt, los hermanos Wright, pioneros de la aviación mecánica y de los incipientes planeadores de pendiente, mucho tiempo paso entre ensayos y errores hasta llegar al desarrollo de una de las maquinas voladoras mas versátiles que el hombre haya creado. El parapente o planeador de despegue a pie, posee muchas ventajas: se puede volar con un aparato que cabe en un morral, su peso es de unos 20 kilos, y es hoy por hoy la forma más fácil y económica de volar, de transportar, que tiene un aprendizaje sencillo y con una multitud de sitios para ser utilizados como despegues y aterrizajes, debido a su funcionalidad y versatilidad existen diversas modalidades de competencia y de disfrute, entre las que destacan el cross country o vuelos a campo traviesa, que se hace sin un destino pre determinado haciendo la mayor distancia posible, el vuelo acrobático o de Freestyle en el que el parapente o vela se lleva a acciones de vuelo dinámico muy extremas, el vuelo lúdico o de placer y los biplazas o parapentes dobles usados para volar turistas de forma comercial o particular.
Estas alternativas contribuyen a la proliferación de escuelas y pilotos ávidos por visitar el cielo buscando romper sus propios limites, aunque teniendo conciencia que el aire es un elemento poderoso que pocas veces el hombre puede ganarle una batalla, así como nos da la vida puede quitárnosla, entre nosotros hay un dicho que reza, “Es mejor estar en la tierra deseando estar en el cielo, que en el cielo deseando estar en la tierra.”
Historia del vuelo libre en el Táchira
Para el año de 1986, Omar Contreras “la pulga”, aprende a volar ala delta en Mérida y al regresar a San Cristóbal siembra la semilla de la aviación deportiva en la región, trayendo el primero, un PROAIR 140 de su pertenencia, la cual fue vendida a un aventurero local llamado José Ángel Mora Robles, quien pagó para ese tiempo 20.000 Bs. por ella, y además Omar le obsequió un Rogallo monosuperficie modelo Estrato con deflectores en los bordes de ataque.
Inmediatamente después de dicha adquisición José Ángel y su amigo francés Phillipe Viaut se dieron a la búsqueda de colinas de escuela por todo el estado Táchira, logrando ubicar una apta al sur
de San Cristóbal en el sector La Pedrera. Es allí donde comienza su aventura empírica con sus primeros vuelos sin instrucción previa, sólo por referencia de experiencias ajenas.
Para 1987 el Italiano aventurero reencauchado gocho, residenciado en San Cristóbal, Andrea Polo, compra un PROSTAR, y comienza con José Ángel a realizar vuelos de arrastre o Towing de forma autodidacta y temeraria, lo cual consistía en amarrar una soga de fique al Crossbar del ala delta y el otro extremo al parachoques de una camioneta; mientras uno de ellos piloteaba el ala el otro aceleraba la camioneta. Para el sistema de suelta o Release utilizaron un nudo dinámico de escalada en el tubo del Crossbar, y la punta sujeta con los dientes del piloto.
Luego del despegue al encontrarse el ala a 45º por encima de la camioneta, el osado piloto con sólo abrir la boca soltaba la punta de la cuerda, y en ese instante entraban en escena la adrenalina y la improvisación. Al volar con el ala en Stall (perdida) sin tener una configuración de vuelo normal, quedaban a merced de los elementos y su intuición. Fueron las imprudencias cometidas por desconocimiento lo que les llevó a interesarse por aprender más a fondo el deporte en si.
En 1988 Andrea Polo se muda a Modenna, Italia, donde en una escuela de vuelo aprende a pilotar ala delta y ultraliviano tipo Trike. Por su lado José Ángel hace lo propio en Lanzarote, Islas Canarias, España, bajo la tutela del instructor Esteban González, para luego al regreso de ambos noveles pilotos, comenzaran haciendo vuelos con regularidad semanal, dando a conocer el deporte en el Táchira, abriendo nuevas zonas de vuelo y creando el primer delta club San Cristóbal, logrando que se involucraran varios entusiastas.
A raíz de esto se consolidó el encuentro amistoso donde tomaron parte pilotos locales como Carlos López y pilotos nacionales entre los cuales estaban Dino Giovanonne, Venturino Miranda, Raúl Von Rola, Leopoldo Turco, Lorenzo Labrador , El Chino Escorza, Italo Giordano y el “Chuti” Ángel Pernía, entre otros.
Desde allí comenzaron a interactuar y surgió una nueva generación de pilotos locales con sed de conocimiento y ganas de volar, de los cuales dos, los hermanos Gutiérrez, Tico y Gilberto fueron los primeros alumnos de los precursores de la vanguardia del ICARO en la región, quienes siguieron los pasos de José Ángel y Andrea, haciendo que la comunidad icarista creciera.
Al mismo tiempo, aparece el parapente en el Táchira con Wilman López y Juergen, dando a conocer esta novedosa forma de vuelo libre, pero en ese entonces no tuvo mucha trascendencia debido en mayor parte a las prestaciones y versatilidad que ofrecía el ala delta y a la poca difusión del nuevo deporte de ala flexible.
Aún así fue como me interese en e inicie en la práctica de esta modalidad en el estado Mérida de la mano de para ese entonces, vice campeón nacional Gonzalo Méndez instructor de la “Escuela Venezolana de Pilotaje”, y a partir de allí logre con la ayuda de algunos entusiastas de la actividad de forma seria y organizada consolidar la evolución del parapente y el vuelo libre en el estado Táchira, dándolo a conocer, abriendo nuevas zonas de vuelo como el Cerro de Gallinero y La Mantellina en el Municipio Guasimos, El Topón en Peribeca, Los Estoraques en el Municipio Monseñor Fernández Feo, El Cerro Mogotes en el Municipio Jáuregui , el Cerro de Tico en san Joaquín de Navay, el Cerro el Morro y el Centro de Operaciones en el Municipio Uribante y muchas zonas experimentales dentro de nuestra geografía y de esta manera haciendo crecer la población de parapentistas en el estado para así calar dentro del mundo de los voladores vertebrados (icaristas), y para mantener desde entonces una relación fraterna entre ambas disciplinas.
En vista del auge del deporte aéreo en la región, se creó la Asociación Tachirense de Deportes Aéreos (A.T.D.A) que en su seno acoge a ultralivianos y paracaidismo, la Escuela y Club de Vuelo Libre U2FLY, que se consolido en 1.998 como la primera escuela avalada por la A.T .D.A. en el Estado, la cual desde entonces forma el semillero de la generación de relevo de los pilotos de alas ultralivianas despegadas a pie.
|
|